Ecuador: Rescatan a tres personas 120 horas tras terremoto

Una mujer lee un periódico con el titular en primera plana "Esperanza", mientras esperan por alimentos y agua que reparte el gobierno por el terremoto en Manta, Ecuador, el jueves 21 de abril de 2016/Foto:AP

Una mujer lee un periódico con el titular en primera plana “Esperanza”, mientras esperan por alimentos y agua que reparte el gobierno por el terremoto en Manta, Ecuador, el jueves 21 de abril de 2016/Foto:AP

Tres personas fueron rescatadas con vida tras permanecer más de 120 horas entre los escombros que dejó el terremoto que asoló la costa central de Ecuador, mientras las esperanzas de hallar más sobrevivientes se diluyen con el correr de las horas.

El alcalde de Manta, Jorge Zambrano, dijo que “en el sector denominado zona cero en Tarqui (sector hotelero), anoche logramos salvar tres ciudadanos más con vida. Hoy (jueves) sólo hemos podido rescatar cadáveres”.

Afirmó, en declaraciones al canal de televisión Teleamazonas, que en los edificios donde los rescatistas han ratificado que no hay sobrevivientes han empezado las tareas de remoción de escombros con maquinaria pesada.

“Aún tengo la esperanza de que podamos encontrar alguien más con vida debajo de los escombros… se guarda un hilo de esperanza de vida, que se trabaje con mucho cuidado, con supremo cuidado”.

La noche del sábado un terremoto de 7,8 grados de magnitud sacudió la costa central de Ecuador y provocó gran destrucción en ciudades como Portoviejo, donde acabó con el centro comercial y bancario; Manta, en la que destruyó buena parte del sector hotelero, y Pedernales, donde quedan apenas dos o tres edificios en pie.

La destrucción causada por el poderoso sismo ha devastado decenas de poblaciones de las provincias de Manabí y Esmeraldas. De acuerdo con un informe de la Fiscalía, cobró la vida de 587 personas, 539 de las cuales han sido identificadas, de acuerdo con el último informe de las autoridades. También hay 7.015 heridos y 155 desaparecidos

La secretaría de Gestión de Riesgo señaló que hay 25.362 personas en albergues, 1.215 edificaciones destruidas y otras 829 afectadas, con algún tipo de daño.

En las zonas de la tragedia un fuerte olor mortecino cubre el aire mientras declinan las esperanzas y empiezan a multiplicarse las demandas de agua, comida, medicinas y cualquier ayuda que no parece llegar a todos los necesitados.

Durante la jornada se produjeron inconvenientes en la distribución de alimentos y agua, en sectores como Manta y Portoviejo se podían ver largas filas de personas en busca de provisiones y alimentos. Por la desesperación de la gente incluso la población de Picoazá llegó a romper el cerco policial para apropiarse desordenadamente de las provisiones.

Una de las personas que fueron extraídas debajo de toneladas de escombros el martes, únicamente identificada como Yadira, dijo desde una camilla del hospital de Manta que “era una cosa tan difícil… los días se hicieron una eternidad, pensé que por lo menos había pasado enterrada un mes”.

Añadió que cerca de donde estaba había al menos 20 personas y tenían “desesperación porque todo el mundo nos estábamos quedando sin oxígeno; un hombre abrió un esmalte para que nos muriéramos asfixiados”, presuntamente por desesperación.

Otra de las sobrevivientes, Kathy, recordó en el mismo hospital que se daba ánimo cantando alabanzas a Dios “pero ellos me pedían ayuda, niños me pedían ayuda, pero no podía hacer nada. Junto a mí a había dos, pero ya no aguantaban más”.

“Los niños se volvían como locos, me mordían, un niño me metía las uñas y un señor mató a la mujer de la desesperación”, añadió con la voz entrecortada.

Otro de los rescatados, identificado como Líber, aseveró que vio morir a su esposa. “Ella estaba (con vida) hasta cuando empezó el segundo temblor, estaba feliz porque escuchó a los rescatistas, me dijo que yo me salvara para que cuide a mi hijo, ella me dijo que me virara, me abrazó, me besó y ahí murió. Antes de morir, me dijo que siempre me amó”.

Los expertos dicen que una persona sin heridas graves puede sobrevivir hasta una semana bajo los escombros, luego se debilita hasta el punto de perder la conciencia y ya no puede alertar a los rescatistas para pedir ayuda.

AP/CB24

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