El conflicto entre israelíes y palestinos trasciende la muerte

La familia del palestino Basim Salah esperó un mes a que los israelíes le entregaran sus restos mortales. Cuando los recibió tuvo que retrasar el ritual funerario porque el cadáver estaba congelado y no podía enterrarlo dignamente.

La mezquita Al Aqsa sobresale en la ciudad antigua de Jerusalén/Foto: AP

Israel. Imagen Ilustrativa/Foto: AP

Basim Salah, de 38 años, murió a finales de noviembre en Jerusalén a manos de policías israelíes cuando, según los agentes, agredía a uno de ellos con un cuchillo.

Su cadáver, como los de otras decenas de autores o presuntos autores de ataques, se convirtió en el objeto de una confrontación macabra entre la tristeza y el sentido de lo sagrado de los familiares y los cálculos de seguridad y políticos de los israelíes.

El hermano de Basim Salah, Saad, retrató con su teléfono móvil el espanto de los suyos cuando vieron el cuerpo, que lograron recuperar gracias a la Media Luna Roja palestina.

Durante un mes, su familia, residente en Naplusa, en la Cisjordania ocupada, reclamó el cadáver porque, según la tradición musulmana, debe enterrarse poco después del fallecimiento. “Sólo queríamos enterrarlo. Enterrar a un muerto es honrarlo”, explicó Saad.

Pero hubo que retrasar el entierro porque el cadáver estaba en una postura rara, aparentemente por haber permanecido en la cámara frigorífica de una morgue. Hubo que “dejar derretir el bloque de hielo durante un día”, cuenta su hermano.

AFP/CB24

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