Elecciones en Haití: No se ve la luz el final del túnel

En esta imagen del 28 de abril de 2016, un hombre hace fotos desde dentro de un taxi a un ataúd falso que representa al presidente provisional Jocelerme Privert, con un cartel en creole que dice "Priver, renuncia o muere", durante una protesta en Puerto Príncipe, Haití/Foto: AP

En esta imagen del 28 de abril de 2016, un hombre hace fotos desde dentro de un taxi a un ataúd falso que representa al presidente provisional Jocelerme Privert, con un cartel en creole que dice “Priver, renuncia o muere”, durante una protesta en Puerto Príncipe, Haití/Foto: AP

El expresidente del Senado Jocelerme Privert fue nombrado presidente interino con una sola misión: Resolver un embrollo político y llevar a cabo una segunda ronda electoral que fue pospuesta dos veces. Tres meses después, no ha realizado la votación y no se le ve salida al descalabro electoral.

Privert debía despejar el camino para que el electorado votase el 14 de mayo. Pero el expresidente del Senado, elegido por la legislatura, parece sentirse a sus anchas en medio del caos político que lo llevó al poder. Recientemente asistió a una conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático en Nueva York, dio algunas entrevistas y ha recorrido las calles de la capital en bulliciosas caravanas.

Hoy por hoy nadie sabe qué va a pasar. El gobierno provisional de Privert acaba de designar una comisión para que investigue las elecciones del año pasado, que observadores y políticos locales dicen estuvieron plagadas de maniobras sucias para beneficiar las fuerzas del último presidente, Michel Martelly.

“No podemos ir a las urnas sin restaurar primero la confianza en el proceso”, declaró Privert, quien ha planteado la posibilidad de realizar la votación presidencial y la renovación parcial de la legislatura en octubre, junto con la elección en que estarán en juego un tercio de las bancas del Senado.

A medida que aumentan las tensiones, muchos empiezan a hablar de una crisis política. Pero en realidad se está en presencia de un caos electoral bastante común en un país donde siempre se cuestionan las victorias, nadie acepta la derrota sin hacer olas y se paga a los desocupados para que participen en protestas.

AP/CB24

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