Eterno subcampeón, el legado de Messi con Argentina

El jugador de Argentina, Lionel Messi, derecha, recibe la medalla de subcampeón de la Copa América Centenario de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el domingo, 26 de junio de 2016/Foto: AP

El jugador de Argentina, Lionel Messi, derecha, recibe la medalla de subcampeón de la Copa América Centenario de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el domingo, 26 de junio de 2016/Foto: AP

Cabizbajo y encorvado, Lionel Messi lloraba desconsolado al costado de una tarima en la misma cancha donde, minutos antes, su selección de Argentina había perdido otra final de una Copa América. Su compañero y amigo del alma, Sergio Agüero, le hacía guardia, abrazándolo por los hombros, mientras otros jugadores se acercaban para ofrecerle palabras de ánimo.

Poco después, el inigualable genio del Barcelona subiría los escalones para recibir la medalla del segundo puesto de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Como hizo otras tres veces en su carrera con la Albiceleste, Messi se sacó de inmediato la presea del cuello y enfiló al camerino, fastidiado por un trámite que raya en la humillación para un jugador acostumbrado a ganarlo todo con el Barcelona.

Quizás esa sea la última imagen que el mundo tenga del mejor futbolista de esta generación con una camiseta albiceleste.

Tocado hasta la médula tras perder su cuarta final con la selección, y tercera en dos años, Messi anunció poco después que el revés del domingo ante Chile en una definición por penales en la Copa América Centenario sería su último partido con Argentina. Tal vez habló prematuramente y, ya con la cabeza fría, cambie de parecer. No sería ni el primer ni el último futbolista que lo hace. Pero, si se mantiene firme, su legado con la Albiceleste quedará definido por una palabra, que, como para subrayar la crueldad del momento, aparecía escrita en letras gigantes al pie de la tarima: SUBCAMPEÓN.

“Ya está”, repitió una y otra vez ante las cámaras un abatido Messi en las entrañas del estadio MetLife en Nueva Jersey. “Son cuatro finales, no es para mí…”, insistió con tono fatalista, como si su historia con la selección estuviese escrita de antemano y no pudiese hacer nada para cambiarla.

Messi tuvo en sus manos —o, más bien, su mágico botín izquierdo— una oportunidad para reescribir el libreto. Sin embargo, mandó a las nubes el primer disparo en una definición desde el punto de penal que, por segundo año al hilo, otorgó por esa vía el título de la Copa América a Chile, de nuevo luego de 120 minutos sin goles.

AP/CB24

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