Mundo del tatuaje en Cuba busca legalidad

Mauro Coca dibujó un pájaro tropical a lo largo del brazo de la joven Julivic Márquez. Minutos después apretó la aguja eléctrica que entintó los primeros centímetros de lo que le llevará nueve horas convertir en un quetzal rojo, azul y verde.

Adrián Alfaro, centro, es flanqueado por los tatuadores Angel Fernando y Leo Canosa, preparando una sesión de entintado en el local La Marca, en La Habana, Cuba/Foto: AP

Adrián Alfaro, centro, es flanqueado por los tatuadores Angel Fernando y Leo Canosa, preparando una sesión de entintado en el local La Marca, en La Habana, Cuba/Foto: AP

“Esto está realmente bueno”, dijo Márquez de 21 años, una joven dominicana que estudia en Cuba, mirando el resultado sobre su piel.

Cuba ya tenía artistas tatuadores antes de la revolución y su práctica era mal vista en los 50. El triunfo de los rebeldes continúo en los 60 con el estigma, al que agregó las preocupaciones por los riesgos para la salud del grabado en piel.

Pero ahora el tatuaje está en alza en Cuba, con cientos de talleres que operan tolerados, aunque vulnerables pues no hay una regulación legal que los proteja a ellos mismos, a sus clientes, ni les ampare la compra de materiales o les imponga una formación sanitaria.

El taller a donde Coca trabaja, La Marca, abierto hace exactamente un año, es un ejemplo tanto de la aceptación como de las dificultades para encuadrarse jurídicamente.

Instalado en una concurrida calle de La Habana Vieja, elegantemente diseñado con arcadas de ladrillo y techos de madera de puntal alto, vitrinas con instalaciones y cuadros por todas partes, el taller ha hecho unos 600 tatuajes a cubanos y extranjeros desde que comenzó en enero de 2015; y trabajó activamente en varios proyectos con las exigentes instituciones estatales.

AP/CB24

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