Pandillero salvadoreño operaba “con fachada” de pastor

Cuando salió de prisión hace tres años, Marvin Adaly Ramos Quintanilla, pareció dar un giro después de un historial de crimen y violencia en las pandillas.

Comenzó a trabajar como asesor de desarrollo comunal de la alcaldía de Ilopango, en la periferia de la capital salvadoreña, y también se hizo de un negocio de venta de autos usados importados de Estados Unidos. Se unió a una iglesia evangélica, en la que se congregaba regularmente e incluso estudió hasta graduarse como pastor.

En esta imagen del martes 2 de agosto de 2016, Marvin Quintanilla Ramos, a la izquierda, un pastor evangélico al que la policía de El Salvador acusa de ser el financista de la Mara Salvatrucha, es trasladado de vuelta a prisión esposado a otro preso en la parte trasera de una camioneta descubierta de la policía tras una vista judicial en San Salvador, El Salvador.  (AP Foto/Salvador Melendez)

El pastor evangélico al que la policía de El Salvador acusa de ser el financista de la Mara Salvatrucha, es trasladado de vuelta a prisión/Foto: AP/Salvador Meléndez

Pero el 28 julio, Ramos fue detenido junto con varios cabecillas de la pandilla Mara Salvatrucha, declarada por Estados Unidos como una organización criminal trasnacional. Las autoridades también incautaron bienes, miles de dólares, cerraron negocios y congelaron cuentas bancarias, en lo que describieron como un golpe el corazón financiero de la MS 13.

Las autoridades sostienen que la nueva vida de Ramos era solo una fachada y que usó sus credenciales de pastor evangélico para entrar a las cárceles, donde se reunía con otros cabecillas de la pandilla con quienes planificaba actividades criminales.

Con la figura de pastor, dicen los fiscales, buscaba esconder su verdadero trabajo: ayudar a la Mara Salvatrucha a ejecutar sus operaciones en la calle y manejar sus finanzas en un momento en que, en medio de golpes de las autoridades, la pandilla ha avanzado en la diversificación de sus operaciones, lo que incluye ocultar dinero a través de empresas o negocios que funcionaban en una aparente legalidad.

Las autoridades presentaron como evidencia en su contra cientos de escuchas telefónicas que implican a Ramos, incluida una de enero en la que supuestamente ordenó el asesinato de tres pandilleros en la prisión de Izalco, en el oeste de El Salvador.

Las autoridades salvadoreñas dicen que apenas dos meses después de salir de prisión, Ramos consiguió certificados oficiales de no antecedentes penales, lo que le permitió tramitar permisos para portar armas de fuego. Los fiscales investigan si fue ayudado por algún funcionario del gobierno.

También se investiga cómo logró el permiso para visitar las cárceles, a pesar de que hay restricciones para los miembros de las pandillas.

Según las investigaciones, Ramos era el financista de la Mara Salvatrucha, responsable de administrar el dinero producto de las extorsiones y los ingresos de la venta de droga y otros ilícitos.

Ramos está acusado de haber sido la figura clave en una nueva estructura corporativa conocida como “La Federación”, que controla las operaciones junto a la llamada “Ranfla”, como se conoce al grupo tradicional de líderes.

AP/CB24

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