Presidenciables demócratas en EE.UU. vuelven a debatir, ahora con tensión interna

Los candidatos a la presidencia de EE.UU. por el partido demócrata, durante un debate el pasado 14 de noviembre. AFP

Los candidatos a la presidencia de EE.UU. por el partido demócrata, durante un debate el pasado 14 de noviembre. AFP

Los tres aspirantes por el Partido Demócrata para las elecciones presidenciales de Estados Unidos del año próximo,  participan este sábado en un tercer debate de campaña, aunque ahora en medio de un fuerte clima de tensión entre la favorita Hillary Clinton y Bernie Sanders.

La crisis estalló el jueves luego que el Comité Nacional Demócrata (CND) bloqueó el acceso de la campaña de Sanders a las bases de datos electorales ante denuncias de que uno de sus auxiliares técnicos había obtenido informaciones reservadas de la campaña de Clinton.

Sanders despidió de inmediato al técnico informático e interpuso una demanda legal contra el CND ante un tribunal federal por “quiebra de contrato”, aunque las dos partes alcanzaron un endeble acuerdo en la noche del viernes, en una tentativa por apaciguar los ánimos antes del debate.

Clinton es la amplia favorita para conseguir la nominación por el Partido Demócrata a las presidenciales, y con su impresionante capacidad de recaudar donaciones tiene la pesada estructura de la máquina partidaria alineada detrás de su candidatura.

En tanto, el senador Sanders es un recién llegado al ruedo demócrata, ya que sus casi dos décadas de actividad en el Congreso fueron como político independiente.

Sin disfrutar de la plena confianza del partido, Sanders incomodó además a numerosos compañeros cuando se definió como un “socialista democrático”, un mensaje claramente destinado a atraer a los sectores más progresistas del campo demócrata.

En este escenario, Clinton y Sanders tienen en sus manos munición pesada para protagonizar un debate con temperatura elevada.

Algunas muestras de acercamiento, como cuando Sanders expresó a Clinton su solidaridad por el escándalo por el uso indebido de sus correos electrónicos de cuando era secretaria de Estado, posiblemente son ya un recuerdo del pasado.

Con una pesada agenda que atender en el Senado, Sanders posiblemente haya tenido menos tiempo para prepararse, y si el debate se centra en la política exterior y en estrategias para enfrentar al grupo Estado Islámico, Clinton podría salir del debate con su favoritismo intacto.

Pero más allá de la agria polémica puertas adentro entre los demócratas, Clinton, Sanders y el tercero en disputa, Martin O’Malley, deberán tener en cuenta la situación en el campo republicano, donde el polémico Donald Trump se mantiene como favorito en un escenario de crecimiento de la candidatura del ultraconservador Ted Cruz.

Sin embargo, todo indica que la paz está aún lejana para los demócratas.

Mientras su comité de campaña se movía para interponer la demanda contra el CND, Sanders filtró a la prensa estadounidense su firme convicción de que el partido había adoptado esa postura para ayudar a la campaña de Clinton.

La efímera sanción aplicada por el CND a la campaña de Sanders, impidiéndole tener acceso a las bases de datos electorales, privaba al veterano senador de una herramienta considerada fundamental para definir estrategias, en particular en la víspera de un debate.

En un alerta de que la pipa de la paz fue encendida apenas temporalmente, la presidenta del CND, la diputada Debbie Wasserman, adelantó que el Comité Nacional mantendrá abierta una investigación sobre las denuncias contra Sanders.

Ante ese desafío, la respuesta de Sanders no se hizo esperar: su jefe de campaña, Jeff Weaver, dijo a la prensa que “la transparencia es esencial para el CND. Confiamos en que no tienen nada que esconder”.

Para la campaña de Sanders, “lo que se necesita para restaurar la confianza en la capacidad del CND de proteger sus datos, es una auditoría independiente sobre las bases de datos de toda la campaña”.

Sanders y O’Malley ya habían criticado al CND por organizar este debate en un horario de baja audiencia televisiva (un sábado a la noche antes de Navidad), por considerar que ello torna más difícil acortar las distancias con Clinton en el electorado.

La piedra del escándalo es la gigantesca base de datos del Partido Demócrata, alimentada por el partido en cada estado, con listados electores organizados por edad, raza, religión, ingresos y decenas de otros criterios, a la que los candidatos pueden acceder mediante el pago de una tarifa.

Con esa masa de información, cada campaña elabora sus propias listas, seleccionando las áreas y sectores prioritarios, y mantiene esas pesquisas en secreto.

El miércoles, el dispositivo informático de seguridad que impide que una campaña tenga acceso a los listados y bases de datos de otra quedó sin operar durante unas cuatro horas, de acuerdo con la demanda presentada por Sanders ante la justicia.

La empresa responsable de los servicios informáticos admitió la falla y reconoció que durante ese período todos los datos de cada comité de campaña quedaron expuestos al escrutinio por parte de los otros comités.

AFP/CB24

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