Salvadoreños esperan canonización de Romero un año después de ser beatificado

Un año después de ser proclamado el beato mártir de los pobres, el arzobispo Óscar Arnulfo Romero es un símbolo de fe para los fieles de El Salvador, que aguardan el pronto cierre del proceso de canonización en el Vaticano, alentado por el papa Francisco.

Imagen del beato Óscar Arnulfo Romero. AFP

Imagen del beato Óscar Arnulfo Romero. AFP

“El proceso de monseñor Romero debería terminar normalmente en la canonización, quisiera que fuera pronto, pero eso depende de cómo se muevan las cosas en el Vaticano”, dijo a la AFP el jesuita Rodolfo Cardenal, director del centro pastoral que lleva el nombre del arzobispo en la Universidad Centroamericana de San Salvador.

El 23 de mayo del año pasado, el papa Francisco rompió el telón que durante 35 años había ocultado a Romero y avaló su beatificación, a la que se oponían los sectores más conservadores de la iglesia y los mismos grupos de derecha que gobernaron El Salvador entre 1989 y 2009.

“Monseñor Romero es obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico del reino de Dios, reino de justicia, fraternidad y paz”, fueron los argumentos que el Papa expuso en su carta apostólica para proclamarlo beato.

“El dio su vida por defender a los pobres, él ya es un santo”, proclamó Ana Flores, una joven empleada de comercio, arrodillada frente a la tumba de Romero.

“Todos deseamos la canonización, las señales que se están recibiendo indican que puede ser pronto, aunque la feligresía ya lo canonizó, se adelantó a la jerarquía de la iglesia”, declaró por su parte Edín Martínez, del directorio de la Fundación Romero.

Aunque la iglesia salvadoreña ya presentó milagros del extinto pastor que son estudiados por la Congregación para la causa de los Santos, para Martínez el “más grande milagro” es que “tiene muchos seguidores de su mensaje a nivel mundial”.

Por denunciar la injusticia social y la represión militar de la época, el arzobispo Romero murió de un disparo en el corazón el 24 de marzo de 1980 cuando oficiaba misa en la capilla del hospital de enfermos de cáncer La Divina Providencia, en el sector noroeste de San Salvador.

El asesinato fue el detonante de una guerra civil de 12 años que dejó 75.000 muertos.

Su muerte fue considerada por el Vaticano como un “martirio por odio a la fe” y sigue impune, ya que ninguno de los involucrados en el asesinato fue llevado ante los tribunales.

En 1993, una Comisión de la Verdad de la ONU identificó como autor intelectual del homicidio de Romero al mayor del ejército Roberto D’Aubuisson, fundador de la entonces gobernante Alianza Republicana Nacionalista (Arena, derecha), quien había muerto de cáncer en febrero de 1992.

AFP/CB24

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