Guatemala prende fuego a la sátira: piñatas del diablo arden cada 7 de diciembre
Cada 7 de diciembre, cientos de familias artesanas en Guatemala transforman su tradición centenaria de la quema del diablo en una combinación de ritual religioso y crítica social.
Marco Antonio González, al frente de los talleres Piñatas Tom & Jerry por más de 35 años, se prepara desde abril para crear diablos de hasta 3,5 metros, que requieren cuatro días de trabajo. Sus piñatas se venden entre 20 y 3.000 quetzales (2,61 a 392 dólares).

La festividad recuerda el triunfo de la Virgen de Concepción sobre Satanás, pero en barrios populares se ha mezclado con pólvora y pirotecnia, generando un espectáculo visual que une a las familias.
La tradición también evolucionó hacia la quema de basura y llantas, causando contaminación. La opción actual de piñatas de papel ofrece una alternativa más limpia y segura, según González: “Para el ambiente ha sido un poco menos dañino”.
En años recientes, las piñatas se han convertido en instrumentos de sátira política. El artesano ha creado figuras de políticos locales implicados en corrupción, como la fiscal general Consuelo Porras, e incluso del expresidente estadounidense Donald Trump con uniforme del ICE, transformando la festividad en una crítica ardiente y simbólica.

