Nicaragua anuncia su retiro de ACNUR y otras agencias de la ONU
Nicaragua anunció este jueves su retiro inmediato de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), acusando al organismo de hacer publicaciones «sesgadas y parcializadas» sobre los emigrantes nicaragüenses que buscan refugio en otros países.
El gobierno de los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo ya había abandonado anteriormente el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la UNESCO y otras agencias internacionales.
Una carta firmada por el canciller nicaragüense, Valdrack Jaentschke, dirigida al jefe de ACNUR, Filippo Grandi, y publicada por medios oficialistas de Managua, explica que la decisión responde a que la agencia se ha convertido en «un instrumento de manipulación, de doble rasero y de injerencia en los asuntos internos de los Estados».
ACNUR ha hecho recientes llamados internacionales para apoyar a los refugiados nicaragüenses en Costa Rica, quienes huyen de la pobreza y la represión en su país.
El organismo advirtió que la ayuda humanitaria está en riesgo debido al escaso apoyo internacional para atender a miles de emigrantes.
Miles de nicaragüenses han salido tras la dura represión de las protestas opositoras de 2018, que dejó más de 300 muertos según la ONU. Además, el gobierno de Ortega y Murillo ha expulsado a opositores, les ha quitado la nacionalidad y confiscado sus bienes.
Antecedentes: retiros previos y críticas por «injerencia»
El 5 de mayo, Nicaragua anunció su retiro de la UNESCO tras considerar «inaceptable» que otorgara el premio a la libertad de prensa al diario crítico La Prensa, cuyos periodistas trabajan desde el exilio.
Ese mismo mes, Managua se retiró también de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), acusándolas de «injerencia» y «falsedades».
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En febrero, Nicaragua abandonó el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, después de críticas internacionales a la represión y la falta de libertades en el país.
El presidente Ortega, exguerrillero sandinista de 79 años que lideró la revolución contra Somoza en 1979, reforzó su control tras las protestas de 2018 y continúa enfrentando críticas por violaciones a los derechos humanos.
